Querías libertad y eso era yo; alguien que no quería atarte ni sentirse con el derecho de pedirte que te quedaras.
Saber que alguna coincidencia nos había puesto en el mismo lugar para disfrutar de nuestra compañía, que era nuestro momento.
Queríamos no ser, pero estar.
Saber que si no nos escribíamos o hablábamos por días todo iba a estar bien, que no iban a existir reclamos ni reproches. Que al día siguiente íbamos a poder hablar como si nada hubiera sucedido.
Siempre he sido así.
La vida me enseño que todos pueden opinar y hacer preguntas respecto de tu manera de vivir, que no hay peor cosa que poner etiquetas a algo que solo se puede sentir, que todo algún día llega a su fin.
Que arrepentirse de no haber hecho algo es el peor error que alguien puede cometer,
Eramos tan libres que el mundo nos hizo separarnos, sin dolor ni ese sentimiento de querer conservarnos.
Amábamos nuestra libertad.
Amábamos el hecho de saber que el mundo iba a seguir girando y moviéndose a nuestro alrededor estuviéramos o no juntos.
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